Fíjate en la portada de este hilo, a ver si te suena el cinturón…
Hay que invertir donde los socialistas gastan nuestro dinero…
No sé: el flujo de caja no faltará
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Esto de Luis Torras me ha gustado mucho:
La fábrica de dinero y su primer tropiezo
El Banco emitió de inmediato billetes por valor de £760.000, la mayor parte destinada a comprar deuda pública. El efecto inflacionario fue inmediato y considerable, y en apenas dos años la institución se encontró técnicamente insolvente tras una corrida bancaria, alentada con cierta satisfacción por sus competidores naturales: los orfebres londinenses (goldsmiths ), que desde hacía décadas actuaban como proto-banqueros custodiando oro y emitiendo recibos de depósito.
Lo que sucedió entonces estableció un precedente que, para bien o para mal, llega hasta nuestros días. En mayo de 1696, el gobierno simplemente autorizó al Banco a suspender el pago en especie —es decir, a negarse a canjear sus billetes por oro— mientras seguía operando con normalidad, emitiendo papel y exigiendo a sus propios deudores el cumplimiento de sus obligaciones. A finales de ese año, los billetes en circulación ascendían a £765.000 respaldados por apenas £36.000 en metálico. Una cobertura del 5%.
Murray Rothbard, en The Mystery of Banking , identifica en este episodio muchos de los pecados que irán en aumento en la ordenación del sistema monetario y financiero señalando: la suspensión de pagos de 1696 sentó lo que él llama “un precedente grave y pernicioso”, la idea de que una institución podía incumplir sus compromisos contractuales con el respaldo del Estado y continuar operando sin consecuencias. Una asimetría que favorecía al banco y al gobierno a costa de los tenedores de billetes. Los pagos en especie se reanudaron dos años después, pero la pauta estaba fijada: cuando el Banco de Inglaterra se veía en apuros, el gobierno acudía al rescate.
Es un patrón que reconoceremos, con distintos nombres y mayor escala, en 1797, en 1931, y de nuevo —con toda su máxima brutalidad— en 2008.
La triste realidad
Parece que los gobiernos europeos se han dado cuenta de que el oro tiene que estar en sus respectivos países; salvo los españoles que preferimos tenerlos en Nueva York o, incluso en Moscú.
En su día Degaulle mandó un portaviones a EEUU a pedir su oro a Nixon y quebró el patrón oro.