Por eso no hay que obsesionarse con dejar el legado económico más amplio posible. Con dejar vivienda y poco más, lo más importante disfrutar de la vida junto a la familia y tener buenas relaciones sociales y amigos.
Si aplicas la regla del 2% para gastar junto a tus ingresos(pensión por ejemplo) el patrimonio invertido seguirá creciendo y con ese 2% lo compartes con hijos y nietos de la mejor manera posible, siempre primando el lado humano ayudándoles antes en los estudios, en emprender que en planificar un estupendo viaje, si se puede ambas cosas mejor pero primar lo que consideres importante en cada momento.
Otro que se hizo millonario invirtiendo en compañías de seguros, @Quixote1
The Davis Dynasty: Fifty Years of Successful Investing on Wall Street, escrito por John Rothchild, es la biografía y crónica financiera de tres generaciones de la familia Davis, una de las dinastías de inversores más exitosas y menos conocidas de Wall Street. El libro narra cómo el patriarca, Shelby Cullom Davis, transformó una inversión inicial de 50.000 dólares en una fortuna de 900 millones de dólares invirtiendo principalmente en acciones de seguros. [1, 2, 3]
La evolución de las tres generaciones
Primera generación (Shelby Cullom Davis): Comenzó a invertir en 1947 a los 38 años. Su foco absoluto fueron las compañías de seguros de vida, un sector aburrido e ignorado por Wall Street tras la Gran Depresión. Logró multiplicar su capital inicial unas 18.000 veces gracias a la capitalización compuesta y a una vida de extrema frugalidad. [1, 3, 4]
Segunda generación (Shelby Davis Jr.): Fundó su propia firma de gestión de activos (Davis Selected Advisers) y expandió los horizontes de inversión de la familia hacia otros sectores más allá de los seguros, adaptándose al mercado tecnológico y de crecimiento de las décadas de 1970 y 1980. [5, 6]
Tercera generación (Chris y Andrew Davis): Continuaron el legado familiar gestionando los fondos mutuos de la firma (como el famoso Davis Venture Fund), manteniendo batido al mercado mediante los mismos principios fundamentales heredados de su abuelo. [1, 5, 7]
La estrategia clave: El “Doble Play” de Davis
La tesis central del libro explica el concepto mecánico que enriqueció a la familia:
Comprar barato: Adquirían acciones de empresas con un bajo ratio Precio/Ganancias (PER o P/E).
Crecimiento de beneficios: Buscaban negocios donde las ganancias por acción crecieran de forma constante a largo plazo.
Expansión del múltiplo: Cuando el mercado finalmente reconocía el valor de la empresa, el ratio PER subía significativamente. [1]
Ejemplo del Doble Play: Si compras una acción con un beneficio de $1 y un PER de 10, pagas $10. Si tras unos años el beneficio sube a $2 y el PER se expande a 20 debido al optimismo del mercado, la acción pasa a valer $40. Multiplicaste tu dinero por 4 gracias a la combinación del crecimiento interno y el cambio de percepción del mercado.
Filosofía y principios de inversión de la dinastía
Especialización sectorial: Dominar por completo un nicho específico (en su caso inicial, los seguros de vida) da una ventaja competitiva frente a los generalistas. [1, 8]
Inversión a largo plazo: Mantener las acciones de forma indefinida para maximizar el poder del interés compuesto y posponer el pago de impuestos sobre ganancias de capital. [4, 8, 9]
Mentalidad contraria: Comprar cuando el dinero y la multitud huyen de un sector, manteniendo la disciplina en los mercados bajistas. [3, 9]
Frugalidad obsesiva: Shelby Cullom Davis consideraba que cada dólar gastado innecesariamente era un dólar menos multiplicándose en el mercado, una filosofía austera que impregnó a toda la familia. [1, 8]
Es un gran negocio, lo de cobrar primas, invertirlas, y luego no pagar a los clientes.
Shelby Cullom Davis llegó a tener cientos de aseguradoras en su cartera hacia el final de su vida. Sin embargo, la inmensa mayoría de su fortuna de 900 millones de dólares provino de un grupo selecto de gigantes financieros conocidos en el libro como “La Docena de Davis” (The Davis Dozen). Fiel a su estilo de “comprar y mantener para siempre”, Davis mantuvo estas acciones en su cartera desde los años 50 y 60 hasta su muerte en 1994. [1, 2, 3, 4]
Sus elecciones más rentables se dividen en tres grandes grupos: [1, 5, 6]
1. Las grandes aseguradoras estadounidenses
Davis identificó empresas norteamericanas infravaloradas que cotizaban a precios ridículamente bajos (múltiplos PER de 3 o 4 veces beneficios) justo después de la Segunda Guerra Mundial: [5, 7]
AIG (American International Group): Fue una de sus mayores y más tempranas apuestas. Vio el tremendo potencial de su expansión global y de su filial corporativa American Insurance Underwriters. [1, 6]
Aflac (American Family Life Assurance): Inicialmente una pequeña aseguradora familiar en la que invirtió masivamente atraído por su entrada en el mercado de seguros de salud especializados. [4, 6]
Progressive: Empresa que se especializó en un nicho que otros rechazaban (seguros de auto para conductores de alto riesgo), cobrando primas muy elevadas que generaban un enorme flujo de caja (float). [1, 8]
Chubb y Aon: Compañías enfocadas en seguros corporativos y corretaje de seguros a gran escala. [1, 4]
Berkshire Hathaway: Davis compró acciones de la empresa de Warren Buffett no solo porque Buffett compartía su misma filosofía, sino porque Berkshire se estaba transformando en un monstruo de los seguros (a través de National Indemnity y posteriormente GEICO). [1]
Otras menciones de su “Docena”: Torchmark y Capital Holdings. [1]
2. El “Milagro de Japón” (Aseguradoras Japonesas)
En la década de 1960, Davis consideró que las aseguradoras en EE. UU. se habían vuelto demasiado caras. Aplicando su mentalidad contraria, buscó en el extranjero y descubrió que el mercado de seguros japonés estaba fuertemente regulado, con muy poca competencia y cotizando a la mitad de su valor en libros. Invirtió cerca de 2 millones de dólares de la época en cuatro firmas japonesas: [3, 5, 6]
Tokio Marine & Fire
Sumitomo Marine & Fire
Taisho Marine & Fire
Yasuda Fire & Marine [1, 5, 6]
El resultado: Para 1992, estos 2 millones iniciales se habían convertido en 75 millones de dólares. Esta jugada internacional salvó literalmente su patrimonio neto durante el brutal mercado bajista de Wall Street entre 1973 y 1974. [1, 5, 9]
El secreto de su éxito: No vender nunca
La gran lección del libro no es solo qué empresas eligió, sino su paciencia. El autor, John Rothchild, destaca en la biografía que Davis cometió cientos de errores con aseguradoras más pequeñas que quebraron o no prosperaron. Sin embargo, como nunca vendió sus grandes aciertos (AIG, Tokio Marine, Progressive), las ganancias exponenciales de estas pocas empresas sepultaron por completo todas sus pérdidas. [1, 2, 10]
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