Tocqueville y la paradoja de una sociedad cada vez más dependiente

Llevo un tiempo dándole vueltas a una idea que me parece interesante para entender algunos de los problemas que atraviesan las sociedades occidentales, especialmente en Europa y, en particular, en España.

Me pregunto si parte de lo que interpretamos como un declive económico, institucional o cultural no tendrá también una dimensión menos visible: la pérdida progresiva del sentido de comunidad, de la responsabilidad individual sobre lo que compartimos y de la capacidad de organizarnos para resolver problemas sin esperar siempre a que otros lo hagan por nosotros.

El punto de partida es Alexis de Tocqueville (ya se trató en el blog aquí Geopolitica - nº 392 por inmunizado ) y sus reflexiones sobre la sociedad estadounidense en La democracia en América, publicada en el siglo XIX. Me interesa especialmente su observación sobre la importancia de las asociaciones civiles, la participación local y la capacidad de los ciudadanos para organizarse y actuar sobre su entorno.

Pero esta cuestión me lleva también a otras preguntas: ¿qué ocurre con el capital social cuando dejamos de confiar en los demás? ¿Cómo afecta la inmigración a la cohesión de una sociedad cuando no existen mecanismos suficientes de integración? ¿Qué sucede cuando las instituciones dificultan que los ciudadanos tomen la iniciativa? ¿Y qué consecuencias puede tener todo esto para el emprendimiento, la innovación y la prosperidad a largo plazo?

No tengo una conclusión cerrada, pero sí la sensación de que estos asuntos están más relacionados de lo que normalmente pensamos.

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Mi sensación es que la falta de confianza, la inmigración incontrolada y la falta de libertad en la sociedad llevarán a un escenario de caída del Imperio Europeo, como en su momento cayó Roma, Egipto, o la antigua Grecia.

No sé que pensará @inmunizado o @wikthor al respecto.

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  1. Del ciudadano al espectador: ¿quién es responsable de lo que compartimos?

Pensemos en algo tan cotidiano como una calle sucia, una carretera deteriorada, un parque mal cuidado o una instalación pública que se estropea y nadie repara.

Nuestra primera reacción suele ser pensar que es responsabilidad del Ayuntamiento, de la comunidad autónoma o del Gobierno.

Y, evidentemente, las administraciones tienen sus obligaciones. Pagamos impuestos para financiar servicios e infraestructuras y necesitamos instituciones capaces de prestarlos de manera eficiente.

Pero hay una diferencia entre reconocer la responsabilidad de las instituciones y considerar que nuestra propia responsabilidad empieza y termina donde termina el pago de nuestros impuestos.

¿Por qué no tirar basura al suelo? ¿Por qué cuidar una instalación que no es nuestra? ¿Por qué respetar un espacio público si nadie nos obliga a hacerlo?

La respuesta más profunda no debería ser únicamente el miedo a una multa o la presencia de una cámara de vigilancia. Debería ser que entendemos que ese espacio también nos pertenece, aunque no seamos sus propietarios individuales, y que nuestras acciones afectan a los demás.

Cuando una persona considera que algo es suyo suele tener incentivos para cuidarlo pero cuando considera que pertenece a todos puede llegar a la conclusión de que no es responsabilidad de nadie en particular (bien lo sabe algunos de nuestros políticos).

El problema aparece cuando esa actitud se generaliza y cada individuo espera que los demás hagan su parte sin ser ellos los que dan el primer paso.

Y es aquí cuando se produce el cambio de mentalidad, dejamos de vernos como participantes en la construcción de la sociedad y empezamos a comportarnos como simples usuarios de ella.

Utilizamos las infraestructuras, consumimos los servicios, pagamos los impuestos y reclamamos cuando algo no funciona. Pero ¿cuántas veces nos preguntamos qué podemos hacer nosotros para que funcione mejor?

Una sociedad puede tener excelentes instituciones sobre el papel, pero difícilmente funcionará bien si sus ciudadanos no desarrollan hábitos de respeto, cuidado y responsabilidad compartida.

Y creo que esta distinción también es importante cuando hablamos de autoridad. Una sociedad libre necesita ciudadanos capaces de cuestionar legítimamente a sus gobernantes, pero también personas dispuestas a respetar las normas comunes incluso cuando incumplirlas les resulte conveniente.

Cuanto más dependa el cumplimiento de las reglas exclusivamente de la vigilancia y la sanción, mayores serán los recursos necesarios para mantener determinados estándares de convivencia. La responsabilidad interiorizada no sustituye a la ley, pero puede complementarla.

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Y esto se fundamenta sobre unos pilares bien sólidos, que son la educación primaria, y la secundaria. Ahí es donde más debe invertir una sociedad, y desgraciadamente, uno de los sitios donde peor lo estamos haciendo, con huelgas, peleas lingüísticas y un cúmulo de despropósitos por doquier.

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Pufff, arduo trabajo de explicarlo. Probablemente habría que hacerlo problemas más sencillos y volver a cosas que se sabe que han funcionado en el pasado.
Es una de las esencias de Anxo. El Estado nos ha convencido de que nuestra existencia es imposible sin él, por tanto le exigimos que se vaya encargando hasta de las cosas más nimias.
Estoy que debe encargarse de x cosas. Pero que hasta que no funcionen de una manera perfecta no debería encargarse de otra, ni dictar normas a miles sin velar por su cumplimiento y erráticamente.

Andecha, tornallom, hacendera, estaferia, tornajeira, auzilan .. Sextaferia. Existía esa figura por toda Europa. Y la exportamos a América.

En Asturias existia la andecha la ayuda vecinal o familia cercana (casi todos tenían algún vínculo) ante cargas de trabajo altas o necesidades.
Como la sextaferia que era el trabajo comunal por el bien del pueblo.

La parte del respeto es fundamental, es donde acaba mi libertad donde empieza la tuya. Y en los pueblos esa cercanía y respeto por el bien ajeno creo se mantiene. Como la ayuda en cao de necesidad.
Nadie lleva el perro a cagar o mear en la puerta del vecino. O le hace un grafiti en su pared.

El problema empieza cuando existe dejación por los estados del servicio cobrado por el prestado.
Y cuando los ciudadanos solo piensan en lo suyo y no en el que tiene enfrente. También en exigir responsabilidades a los que mandan pero exigirselas también a uno.

Pffff, mucho melón este.

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