Cuando pienso en lo que constituye una vida exitosa y abundante, el inversor que mejor la encarna para mí es Arnold Van Den Berg. No es multimillonario ni un genio. No tiene un yate ni un avión. Sin embargo no hay nadie en el mundo de las inversiones a quien admire más. Si tuviera que elegir a un solo modelo a seguir de entre todos los extraordinarios inversores que he entrevistado a lo largo del último cuarto de siglo, sería él. Le tocó jugar con una mano terrible, pero ha desafiado los pronósticos más abrumadores para lograr una vida de prosperidad que va mucho más allá del dinero.
Palabras del propio autor del libro: Wyser Richer and Happier, William Green sobre Arnold.